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Una de las mas antiguas y mas usadas tecnologías reproductivas disponibles en la actualidad es la transferencia embrionaria (TE). Alrededor de 120 años atrás la primer transferencia embrionaria la llevó a cabo Walter Heapes en Cambridge con conejos. En la década del 30, la transferencia embrionaria se comenzó a emplear con animales destinados al consumo humano, principalmente ovejas y cabras. No se realizaron procedimientos exitosos en ganado vacuno sino hasta 1950 con Jim Rowson de Cambridge, Inglaterra. La primer colección sin cirugía no ocurrió sino hasta 1964. Aun habiendo practicas exitosas, la TE no se comercializó sino hasta 1970.
Al elegir una vaca donante, ésta debe ser sana en términos reproductivos y tener un aparato reproductor y antecedentes post parto normales. Las vacas deben haber cumplido 60 días posteriores al parto para que se practique una transferencia embrionaria, y tener un escore corporal apropiado, ya que tanto las vacas gordas como las flacas pueden tener dificultades reproductivas.
Una vez elegida la vaca donante, se observa el ciclo estral. Por lo general, se prefieren ova con fertilización múltiple (en contraposición al único embrion) y se induce la superovulación. A la vaca se le administra una hormona folículoestimulante (FSH) dos veces al día por cuatro días entre los días nueve y catorce del ciclo estral, mientras que hay un cuerpo lúteo (CL) funcionando en el ovario. Luego se administra prostaglandina en el tercer día del tratamiento, que hace que el CL se retracte y el celo se produce aproximadamente 48-60 horas después.
Al comienzo del celo, una vaca debe reproducirse mediante inseminación artificial. Una semana después, se le realiza un flushing a la donante insertando un pequeño catéter a través del cuello del útero de la vaca donante y una sustancia especial entra y sale de los ovarios a fin de realizar la recolección de embriones. El procedimiento es relativamente simple para un técnico capacitado, que demanda alrededor de 30 minutos y no causa ningún tipo de daño a la vaca.
Una vez recolectados los embriones en un recipiente estéril, se les evalúa la calidad y se los clasifica en una escala numérica (1 = Excelente, 5 = Sin vida) de acuerdo a la viabilidad de los mismos en caso de transferencia a una receptora.
Una clasificación mas detallada incluye: forma regular del embrión, variación del tamaño de la célula, color y textura del citoplasma, diámetro general del embrión y regularidad de la zona pelúcida (una membrana protectora de proteína y polisacáridos alrededor del embrión unicelular).
Los embriones también son clasificados de 1 a 9, dependiendo de su desarrollo, sin tener en cuenta la calidad. Si bien las investigaciones han revelado que no hay diferencias en la tasa de preñez de células fertilizadas en los distintos grados, los embriones calificados 4, 5 y 6 son los mejores candidatos para congelar. Por lo general, los embriones grado 1 también son los mejores para congelar, mientras que los grado 2 se pueden congelar con una potencialidad reducida de preñez.
Las receptoras deben ser reproductivamente saludables, tener ciclos estrales normales y mantener condiciones corporales optimas. Se les debe administrar una dosis de prostaglandina 2 o 3 días posteriores al comienzo del tratamiento con FHS del donante. Las receptoras deben estar en el mismo estadio estral que el de la vaca donante. Cuando los embriones están listos para ser transferidos, los ovarios de la receptora son palpados a través del tacto rectal para determinar qué ovario ha ovulado. Los embriones se transfieren a un recipiente mediante el uso del una pajuela de ¼ ml con una pistola de inseminación. La punta de la pistola se desliza dentro de la trompa del ovario con el CL activo y se deposita el embrión en la punta de la trompa.
Además de transferir embriones frescos, estos se pueden almacenar en nitrógeno líquido por mucho tiempo; sin embargo, las tasa de preñez pueden bajar hasta un 20% después del congelado.
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